¿La fiesta de los corazones?

El arte de los descuentos manipulados con gracia


Esto ya se empieza a aparecer a un circo donde en vez de payasos hay globos de corazones por todas partes. Sí, parezco una piñata enorme sin incentivos suficientes para no ser tacaña en estas fechas. Pero, cariño, es fácil que te rompan el corazón y que acabes con mi cara de mazapán, o ¿acaso no te suena la frase que salió por tu boquita de estrella el otro día? ¿Esa que decía «Todos los tíos son iguales, todos mienten»?

Ah, que sí, ahora estamos empezando a hablar el mismo idioma.

No, no me mires así. Hay más peces gordos en el mar, y todos quieren un trozo del papel. Tú ya me entiendes, cansa mucho tener que repetirlo todo.

Pues, nada.

Quiero decir, vamos al lío que nos ha traído aquí: San Valentín.

(Suspiro dramático para alargar la tensión.)

Bien, lo siento para todos los que celebren ese día como algo distinto a la farsa amorosa que es. Ve asumiendo que, si es tu cumpleaños, van a estar todos y todas buscando a su pareja para darle su regalo. Pero espera, seguro que mami o alguien random se acuerda de que hoy no es un día de fiesta internacional para ti.

Ah no, ya ni se marca el día en rojo en el calendario.

Vale, vale, parezco el Grinch de los corazones, perdóname. Hoy he tenido un día bastante extraño y es muy posible que esté soltando todo mi sarcasmo barato en ti.

Repito, perdóname, ignora que me estoy portando mal y que me hace falta un cachete en el culo.

Ahora sí: Feliz santo o cumple, lo que sea. Tienes un mega abrazo virtual de mi parte.

Si preguntas por mi identidad, empieza a no reír porque no soy una chica. Los hombres también sufrimos por amor aunque no seamos capaz, por culpa de la sociedad, de verbalizarlo o expresarlo tan abiertamente.

Como he dicho, mi día ha sido una mierda.

Para variar al mood que llevo ahora, me he levantado contento. Alegre. Feliz. Ilusiona. Enamorado. El problema ha empezado a surgir cuando me he acercado a El Corte Inglés a recoger el regalo que había encargado para mi novia: una ramo de 225 flores por los días que llevamos juntos, una caja de su chocolate de lujo favorito, un bolso de Carolina Herrera que le había gustado, medio Sephora y su desayuno con sabor a café habitual.

Sí, me he pasado. 
 
Sí, me he gastado un dineral, y eso que todo estaba rebajado.

Una suma que alza casi los cuarenta y cinco mil noventa y cinco dolores, cincuenta y cinco mil euros antes de la rebaja. ¿El cambio? Mínimo.

La mañana ha proseguido bien hasta que ella me ha propuesto cenar fuera. Nada extraño, ¿verdad? Por supuesto, he aceptado y guardado todo bien en mi casa a excepción de los bombones que se los di con su café con avena y coco para el desayuno.

Cuando llegamos al restaurante, yo creía que mi novia había reservado una mesa, no obstante, al sentarnos, hay otro hombre en la mesa que le ha regalado lo mismo que yo iba a darle pero sin las rosas.

Como es lógico, al no reconocer al hombre, me quedo un poco en shock. ¿Sabes cómo me lo presenta? ¡Cómo su novio! Yo no significaba nada para ella porque ella ama a su novio y yo sólo fui un desliz que no sabía cómo cortar.

No se me cayó allí la cara de vergüenza de milagro.

Me levanté y me fui.

Al llegar a mi casa, saqué los que iban a ser sus regalos de la habitación que habías compartido durante meses y salí de casa. Algunos se los lleve a mi madre, otros a mi tía y lo más caro se lo día a la primera mujer rota que vi.

El amor es una putada cuando crees que es correspondido.

Y es una mierda darlo todo para que te estafen en los grandes comercios.


TEXTO EN PROPIEDAD A NOMBRE DE: CLARISSA BLACKHALE

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