¿Qué ocurre cuando te sientes vacía?
El tema de debate y reflexión que te planteo hoy es otro distinto y más íntimo porque, ni más ni menos, se trata de mi proceso de escritura como autora de romance y superación personal. Como ves, es un tema delicado del que quiero hablarte debido a que siento y sé que a muchos escritores, hombres y mujeres de todas edades, les pasa. No les ocurre con la velocidad de una estrella fugaz y no es tan cotidiano en la vida de un escritor, pero considero que mi opinión y experiencia puede servirte como un ejemplo de constancia. Al fin y al cabo, qué seres seríamos si no pudiésemos comunicarnos y apoyarnos. Te lo voy a decir como una metáfora mala y extraña: conejos zombis que buscan alimento en una hierba que no les sacia ni como ungüento ni como medida de contención para no dañar a otros de su misma especie. El único fallo en esta lógica es que nosotros, sin ser bestias comedoras de cerebros, sí que nos hacemos daño los unos a los otros sea intencional o meramente accidental.
Y ojalá se quedase sólo ahí.
¿No te ha pasado que terminas una novela o un proyecto de cualquier índole y te quedas como ida? ¿Perdida? ¿Ausente de la realidad?
A mí me ha pasado sin la necesidad de llegar al final de algo, porque, si te soy sincera, la inspiración viene y va, aunque mis ideas manen de un chorro de agua constante. Entonces, ¿qué hago cuando estoy en un punto similar del bucle y sin nuestro amigo, el síndrome del impostor, llamando a mi puerta? No hago nada.
Resulta extraño, ¿a que sí?
Pues durante unos días hago exactamente eso: Nada. Es decir, dejo que ese chorro de inspiración caiga por su propio peso sin anotar nada (no te me eches las manos en la cabeza, no desecho ideas hasta que no me veo casi casi con 1000 proyectos nuevos abiertos y ninguno terminado a lo largo de todo un año). Así que para mí, resulta un descanso cognitivo liberador de estrés.
Sin embargo, cuando estoy en el otro extremo de la balanza, necesito un chute de energía porque, al final, terminar de escribir una novela, donde la emoción es el centro y motor de la trama, puede llegar a abrumarte en el sentido de que entras en un bucle de tristeza (y no es extraño en autoras de romance), que puede llegar a medio-largo plazo a convertirse en un problema similar al bloque cognitivo de los síntomas de depresión, que si no se regula con la desconexión y el autocuidado puede ser perjudicial y/o discapacitante en nuestro día a día. Por ejemplo, yo recurro a ver películas de comedia que me aumenten la serotonina, a jugar a juegos de mesa en familia, escribir otro género si me encuentro con ánimo, a darme unas “vacaciones’’, etc.
En conclusión, cuando una escritora, como es mí caso, se siente vacía tras terminar un proyecto (ahora mismo no es mi caso, lo remarco por si acaso) es recomendable buscar ayuda psicológica si es necesaria, desconectar y descansar, vivir más en el presente, pasar tiempo en familia, etc.
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