Tiempo de casualidades
¿No te pasa que cada vez que ves una fotografía tu mente comienza, de manera totalmente despegada de tu cuerpo, a imaginar la escena previa a su captura? La imagen que tengo en mis manos es de mis abuelos cuando eran pequeños, en cuyo reverso están escritas los nombres Fernanda y Joaquín junto a una fecha en particular, 1875, la muerte de sus padres, mis bisabuelos.
Da la casualidad de que estos dos últimos tienen el mismo nombre pero a la inversa que los primeros, sin embargo, mis bisabuelos se conocen desde niños mientras que mis abuelos no lo hicieron hasta que Fernando, mi abuelo materno, volvió del ejército.
Mi abuela salió a recibirlo en la entrada y se fundieron en un abrazo precioso.
O eso era lo que me había contado mi madre en más de una ocasión. Yo, por supuesto, tenía ciertas dudas ya que ella aún no había nacido y no me quería enseñar jamás de los jamases las fotos, las cuales se suponía que tenían el reverso escrito, que tanto argumentaba que lo corroboraba todo. Por esa razón, subí al desván y removí y nadé durante horas entre todas las cajas que el tiempo nos había hecho abandonar. ¿Sabes qué encontré detrás de un viejo y mohoso escritorio de mimbre? Nada.
Mi madre me había mentido en ese aspecto. No existía ningún cofre antiguo del tamaño de un poco menos que media cama en esa parte de la habitación ni en ninguna otra tampoco.
No lo dejé estar ahí.
Seguí escarbando.
Para la hora de comer, justo a la hora en la que la campanilla de la puerta de la tienda de al lado sonaba por última vez en todo el día, encontré una nota
Si quieres la información visítame.
PD: Trae el pan casero que has hecho hoy a casa.
Firmado: La abuela
Me sorprendí. Eso sólo podía significar que ella lo había movido todo. Ella era la única que podía hacerlo, pero ¿dónde se supone que debía verla? ¿En el cementerio?
Fui allí. Encontré otra nota sobre la tierra de su tumba. Unas flores frescas descansaban cerca.
Sabía que vendrías, retira las flores y descubrirás las fotos que tanto estás buscando.
Firmado: Tu queridísimo marido.
Efectivamente estaban ahí. Un conjunto de más de veinte fotos. Mi madre decía la verdad, pero ¿cómo las tenía él en su poder si mi madre nunca ha querido conocerlo?
| Cuando ni siquiera puedes esperar |
TEXTO EN PROPIEDAD A NOMBRE DE: CLARISSA BLACKHALE
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