«Rivales Divinos» de Rebecca Ross, primera parte de la duología Letras Encantadas

  

 Rivales Divinos

Si te preguntan por el género que más ha leído, ¿cuál sería tu respuesta? ¿Fantasía, romance, ciencia ficción? Esta pregunta nos la hicimos entre todos los miembros de este equipo, Sunny Moon, y llegamos a la conclusión de que el más popular era la fantasía, ya que muchos de nosotros comenzamos  a leer con El Principito. Entonces, ahora te preguntamos a ti¿cuál fue tu primera lectura? Estoy seguro de que si le preguntas a tus cuidadores o padres, o directamente echas la vista hacia atrás, encontrarás un cuento de fantasía antes que uno de misterio, por ejemplo, o cualquier otro. (Igualmente, si fue uno diferente te invitamos a decirlo en comentarios.)
Con esta premisa inicial doy por introducida la reseña de hoy. 
Rivales Divinos es la  primera parte de la bilogía romantasy más conocida internacionalmente de Rebecca Ross; la leímos como lectura conjunta de este mes de marzo como escapatoria de nuestros respectivos trabajos fuera de la lectura.

En la segunda o tercera página del libro, antes de empezar en sí el libro ―Clarissa dice que es el epígrafe y yo lo llamo cita a secas―, encontramos una frase maravillosa de Emily Dickinson 🥹🥰.
Ahora sí, vayamos a destripar la novela. Prometo que será para bien, pero no te puedo prometer no hacerte ningún spoiler ya que nos ha gustado tanto (a mí y a Clarissa sobre todo; si nos hubieses visto al borde del llanto con las últimas páginas posiblemente alucinarías). PD: Hablando de ella, tiene un vacío emocional, que poco a poco va desapareciendo, sin embargo, asegura que es su libro favorito pero no sabría en qué lugar de su corta e intensa lista se situaría. 

No podría comenzar a hablar la trama de este hype literario (y posiblemente el libro que más me ha gustado hasta la fecha de lo que llevamos de año) sin decir que el prólogo es una auténtica delicia: tiene descripciones tanto sensitivas como táctiles. Esta parte en concreto, considero que nos ayuda como lectores a adentrarnos en las entrañas de la trama escrita en 3ª persona (nada que envidiar a las descripciones o la forma de escribir de Brandon Sanderson) poco a poco hasta que consigue hacerte partícipe en su totalidad. 
Me ha encantado la tradición que la abuela de Iris le traslada a ella ―sí, la de escribir y enviar cartas para infundir ánimo― y la historia de las máquinas de escribir de los dos protagonistas. También, la manera de Roman de proteger a Iris de su propio padre y el retelling del mito de Hades y Perséfone para darle vida Enva y Drace. Además, he sentido una emoción enorme al conocer a la abuela de Kitt, a Attie y a Marisol. Obviamente, las escenas que más me han marcado han sido los reencuentros de Kitt-Winnow y Marisol-Keegan, cada uno más emocionante y con los nervios a flor de piel que el anterior. Al final le he cogido algo de tirria a Forest, el hermano de Iris, por su aparición en los últimos capítulos, es decir, por cómo ha engañado a su propia hermana. 

Que no voy a olvidar: Los retos de Iris a Roman, y viceversa, el show que forma Roman para que Iris no lea la dichosa carta, que tanto tarda en leer por irse a las trincheras como corresponsal de prensa; su amor y la protección casi sobrehumana de Roman Kitt, junto a su boda ―a este punto déjame comentar que Clarissa Blackhale afirma que éste es su nuevo crush literario (y está de los primeros)―; la valentía de Keegan, los 3 últimos capítulos y el epílogo. (A esta alturas estoy seguro de que ya sabes con quien más he comentado la historia de Iris y Roman. Si los has adivinado, te reto a ponérmelo en comentarios también.)

Por último, me gustaría afirmar que la pluma de Rebecca Ross nos ha dejado a todo este equipo trifásico tras la finalización de esta lectura, y a la espera de cobrar a fin de mes para hacerse con el segundo y planear la segunda lectura conjunta. Además, quiero confesar que nuestra Clarissa leía este libro con nosotros y con el Team Burbujita de Duna Alba, la autora de Kylewood Academy. ¿Cuánto le daría a esta maravillosa novela? Cinco estrellas, pero se merece diez. 

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