¿Quién dice que los errores no se repiten?

Con el paso del tiempo, hemos ido asimilando patrones conductuales y verbales con un peso más que dañino para unos y beneficioso para otros. Las críticas se han involucrado en nuestras vidas como un helado que se derrite a treinta y cinco grados centígrados a la sombra. Además, nuestras propias consecuencias sobre el ambiente nos dispara en lo único que nos protege de la radiación solar y el fin del mundo: la atmósfera terrestre. 

¿De verdad seguimos considerando la idea de encontrar un nuevo hogar (no pienso molestarme poniendo las comillas porque serían demasiadas)? ¿Quién nos asegura que no seremos igual de gilipollas como lo estamos siendo con el que ya tenemos? Lo más seguro es que, al paso que vamos, nuestros descendientes más remotos en el tiempo sean quienes tengan el privilegio de vivirlo. Será posible sólo si la raza humana perdura lo suficiente y no se convierte en el wendigo —ese ser repulsivo que vive en una cueva y se alimenta de personas como alguna vez él lo fue sin ser consciente de ello— de la Tierra.

No obstante, dejo ahí mi crítica, puesto que mi cometido hoy es hablar sobre nuestro pasado como comunidad, nuestra historia. Sí, aquella que hemos decidido olvidar o ignorar en el peor de los casos, para sólo consultarla en momentos de crisis existencial ante las amenazas inminentes de una guerra mundial. ¿Tenemos que ser catastrofistas? ¿Es necesario que llegue el fin del mundo, el Apocalipsis bíblico en todo su esplendor, para que aprendamos de un mísera vez?

Comencemos este breve viaje recordando la Edad Media, en ella el ser humano profundizó sus ansias por fastidiar a los demás para conseguir un beneficio rápido, sin importar las consecuencias que causada. Además, protagonizó discusiones religiosas y fue testigo de crímenes como el de las brujas de Salem. Poco después y como castigo, el Universo, Dios o quién sea envío una de las pandemias más desastrosas del mundo: la Peste Negra con los médicos con máscara de ave. Claramente, décadas antes aparecieron enfermedades como la lepra durante época de crisis.

Mucho más tarde, en la Edad Moderna el hombre siguió siendo soberbio y para colmo más racista que la diversidad del color hacia otra persona, amigo o desconocido, vecino o sirviente, por el hecho de ser diferente o estar en contra de sus ideas. ¡Menos mal que esta pesadilla acabó tal y como la vivían las personas, que se veían obligados a huir porque los odiaban por no ser iguales en todos los aspectos de la vida! Como es de esperar, la revolución política y social hizo raíces entre todos estos seres vivos, que hablan más que piensan en algunos casos, y, luego, se extendió por todo el mundo.

¿Ves que siempre ocurre algo cada vez que provocamos algún tipo de problema? Si no lo ves, seguimos con el siglo XX, la Edad Actual.

¿Qué decir de este periodo que no se haya dicho ya? Los malos entendidos en debates. ¿Qué tiene que ver esto con nuestros errores? A nivel físico nada, a nivel psicológico-conductual lo simboliza a todo, a pesar de ser uno de los tantos fallos que nuestros antepasados han tenido y que nosotros de forma inconsciente estamos repitiendo en el presente, un simple movimiento o forma de decir algo a nuestro o nuestros receptores de información ha provocado guerras y más de un millón de guerras, junto con la avaricia y la comodidad de tenerlo todo que nos ha llevado a olvidar de que de momento y para mucho tiempo solamente tenemos este planeta en el que vivimos. Por ejemplo, uno malo y que todos odiamos, la II Gran Guerra, sí, la misma de Hitler: en este ejemplo, este individuo, que me cae más mal que los políticos de la televisión, con el único fin y un puñado de factores más tuve la bendita mala fortuna de ser rechazado como pintor, su única afición. Ante este rechazo, que le dolió más que iniciar una masacre, decidió alistarse en el ejército y hacer historia con su locura por «no conseguir Alemania un reparto adecuado durante el reparto colonial». Bajo mi criterio, perdió la cabeza y le lavaron el cerebro por ser vulnerable a las circunstancias dadas.

Hoy en día, tampoco estamos tan lejos de ser el Hitler del siglo XXI ya que, sin ir mucho más allá del tiempo, la guerra de Ucrania o el conflicto de Irán contra Palestina es otro ejemplo de que el ser humano es incoherente, tóxico para sí mismo y el mundo y, a la vez, un títere de los eventos del pasado. En el caso de Putin, desea reformar a su antojo la antigua URSS sin valorar las consecuencias nazistas que eso supondría en nuestra época. Por otro lado, el conflicto de Oriente es más antiguo y comenzó porque supuestamente el territorio le pertenecía a los ancestros de los iraníes y los palestinos, al reclamarlo como suyo, no se lo ceden con un pacto; en vez de eso, se le molestan en hacer treguas que siempre acaban rompiendo.

La consecuencia que se suma a estos dos párrafos, desde que el hombre descubrió el humo de las máquinas y los inventos, es el cambio climático. Llegados a este punto puedes considerar que este fenómeno no existe y que los datos son inventados, pero ¿vas a negar también que cada año el frío y el calor son mayores? ¿De verdad vas a negar que ni siquiera los árboles, seres sabios por naturaleza, son incapaces de llegar a su hora a la antesis (la apertura de la flor) en su estación del año correspondiente? 

Como conclusión, el ser humano cada vez que la sociedad retrocede le sigue los pasos, sin molestarse en intentar comprender en lo que ocurre tras su ego y su propio entorno. Sin embargo, parece no temerle a cómo será su futuro, puesto que cada día que pasa los individuos pensantes se esconden bajo comentarios dañino capaces de detonar una guerra si todos fuésemos igual de repulsivos con nuestras acciones. ¿Recodaremos que no somos inmunes al fin del mundo? No lo creo, mañana seremos igual de irresponsables a no ser que veamos a Muerte a sus dos vacíos ojos. Después de todo, no somos tan diferentes a ella. Nuestros antepasados no eran santos y nosotros lo somos muchos menos todavía. Ya lo dijo Newton, toda acción tiene una consecuencia a corto o largo plazo, aunque el hombre se empeñe de modificarla sin éxito. En nuestro caso, esa consecuencia a 11 de enero de 2024 es el efecto invernadero que hemos provocado en la atmósfera terrestre.




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